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Catarsis (parte 2)

Relatos de sucesos en desorden, con un orden de importancia (de abajo arriba). La piedra sobre la mesa, no me explico como siempre está ahí, aun cuando creo que la he guardado con las otras. Quizás la excluyo, quizás me gusta mirarla para recordar a quien pertenecía (hecho que al final solo me entristece). Dos gotas secas y la sangre que espero ver correr sobre mi piel se andan escondiendo de mi desorientación psicológica, entré en un estado de neurosis, rayando en la psicosis, la paranoia y está soledad que es bastante calurosa. Los días anteriores fueron buenos, no sé a dónde van mis esperanzas cuando llegan las vacas flacas, con sus trajes de astronautas, entonces empiezan las malas decisiones, no voy lejos, pero las letras no quieren salir, los poemas aún no los termino y el fútbol está un poco cansado. Debe ser que no sé qué quiero y con esfuerzo sé que lo extraño. Extraño constantes cosas en mi vida, luego olvido que existo, me olvido de mí, hasta de mi apellido, e...

De la reflexión metafórica a la fragmentación poética.

Reflexión dos puntos y el celular vibra, es ella, es mi madre, reconozco el número. No la he visto desde ayer, no las escucho desde hace 24 horas, suena igual que siempre, me regaña, me reclama, me dice que me ama, que llegará mañana y cuelga. Parece un deja vu, un recuerdo distorsionado, parecido al reflejo sobre el agua, tan similar, singular y pienso. Pienso porque al parecer es la única acción constante en mi cerebro que se reproduce por sí misma, es un sujeto vivo que no duerme ni deja dormir, que no come ni deja comer, es como un parásito sin dientes, que me destroza con calma y suspicacia. Reflexión metafórica de la acción literaria del deseo y el aprendizaje, de la madurez y mis confesiones. Sobre el ello, sobre el yo, algo que mi otro yo no acepta porque el súper yo del yo de mi otro yo está de vacaciones cuando debería estar diseñando. Me detengo otra vez y pienso, sobre las personas que tiene frío mientras mi piel está caliente,...

Noviembre no te vayas sin mí

Abrí rápido una hoja (digital) donde pudiera empezar escribir; sobre lo que se atravesaba en mi pensamiento, como excremento después de la digestión. Las personas en realidad no valen nada, no valen en sí por lo que pesan, ni por lo que comen, me he considerado sin anestesia una mala persona y lo soy en diferentes y repetidas ocasiones, no le temo al escarnio público, pero sí al olvido y él señores y señoras no hubo un sólo día en que me recordara. Tenía clavada en mi garganta el más exquisito sabor de la frustración. La invite a sentarse en mi mesa y le di de mi comida, le compartí mi oxígeno. Me relleno como a un pavo, burda y grotescamente. Que el odio era opio y yo humo. Entonces recapacite, no sé si era el medicamento, el dolor graduado en pequeñas porciones, o solo era mi cerebro jugando de nuevo conmigo.  Escribir era entonces la mejor excusa para admitir que ni por sentido común, ni lo mejor que hago, lo hago bien. Un par de...

Viaje en bus

Salí de casa con una risa tonta, de esas que no se borran con facilidad, me miré a los ojos antes de salir y éstos me miraron profundamente, a veces me agrado, otras, solo existo. Tenía una blusa blanca, porque es el color de ropa que más me gusta usar. Las gafas de siempre y fui a caminar con la misma música, el viaje era largo y mi cabello corto.  Levante la mano y el bus de servicio público se detuvo, me senté en las sillas de atrás, empecé a pensar sólo porque el sonido de aquel vehículo ya no me dejaba escuchar mis canciones. Imagine éste día y mientras imaginaba empecé a recordar. Lo recordé a  él y mis ojos se llenaron de aguas dulces con algo de sal, recorrí en mi pensamiento los últimos meses que lo tuve cerca, la piel se me erizaba al recordarlo. “No muere una persona hasta que no la olvidas” dijo Isabel Allende en su libro La casa de los espíritus. No había muerto él y tuve ganas de llorar pero el bus estaba demasiado vacío para notarlo. Hay personas que d...

Viernes Obscuro

La casual coincidencia no existe como sorpresa ordinaria, no sin antes haber sido predeterminada con detalle. Calcule una cita con el destino y he llegado tarde. Entre eso y mi mal humor, coexistir como un ente normal se me dificultad. Admití el hecho de que los imposibles son mejor aceptarlos que pretender cambiarlos y diré que ahora la carga es un tanto menor, sin arreglar el hecho de mi letargo. El mundo se mueve como seduciéndome, pero no me alcanza y su belleza ni siquiera me toca, até entonces mi conciencia a una piedra grande, por si ésta quiere salir volando, algo de dignidad y escrúpulos se debe conservar para sobrevivir moderadamente y eso intento, aunque vale la pena aclarar que la mayor parte de ellos son un fracaso. Estoy más pesimista que de costumbre, que es probable que me arrugue rápido de tanta amargura interna, por suerte no creo estar viva para ver ello. Es viernes y los neandertales andan alborotados, tengo hambre pero igual los vomitaría en la cara, solo pa...

Catarsis (Parte 1)

  Salí caminando despacio por sí acaso cambiaba de opinión y volvía a lugar donde estaba. Caminé en medio de las personas que corren porque caían un par de gotas de agua fría y áspera, el desespero que llevaba por dentro me permitía dar pasos cortos y mirar en un ángulo de 45° grados; la nada. Me hice bajo el cielo, mientras todos se arrumazaban en la parada del auto-bus.  Esperaba con ansías la lluvia, solo porque así sabría que el cielo era el que lloraba y no yo. Hice un monologo corto por sí tenía ánimos de llegar a escribir algo lógico en este espacio vacío de personas que se atarugan los días de cosas superficiales, mientras yo me voy perdiendo un poco más. Los viernes como este solo quiero estar conmigo, por si acaso la muerte llega, no haya a quien decir adiós. Miré los arboles frente a mí, están tan viejos que desearía que su muerte fuera menos tormentosas. Miro hacía un lado y espero ver llegar a un personaje imaginario que aún no sé hace real. Mi ...

Lo que se escucha

Se escucha sobre el horizonte un horror con sabor al sudor de un perdedor. Se escucha una convicción que se repite como frase singular, como un anhelo con el que se puede soñar. Lo que se escucha se parece un poco a lo que creí. Y creía en las verdades que no se dicen, pero se suponen. En que las cosas cambian y las personas cada día se hacen mejor. Creí que creía en algo especial. Sonreía entonces por costumbre y sin perder la intención. Se escucha sobre mi hombro el susurro de palabras en lenguas que no logro reconocer. El palpitar se volvió antónimo y confuso. Se escucha la fe de los que creen. Se repiten una y otra vez. Se convencen a sí mismos de una verdad. Se escucha sin afán los pasos de un sujeto que no va a ningún lugar. Se siente el vaso medio lleno. Se ahoga en la miseria de su reconocida ilustración. Se alagan a ellos mismos por su magnífica capacidad.  Lo que se escucha se parece mucho a un cuento de fantasía y no ...